SOCIEDAD

FERIA DEL LIBRO

“Sinceramente” en la Feria del Libro: selfies y debates políticos express

La montaña de libros azules atrae propios y extraños en las librerías del predio de la Rural.

“Sinceramente” en la Feria del Libro: selfies y debates políticos express

Por la entrada de Cerviño, derechito, se desemboca en el Pabellón Azul. Y en la calle central está el stand de la editorial, en dos bloques de ubicación privilegiada. Imposible no advertirlo. Imposible que los ojos no vayan directo a la montaña de libros de tapa azul. Nadie es indiferente.

Los especialistas ya avisaron que se trata del boom editorial del año, números en mano. El desfile incesante frente a los mostradores puede ser la certificación de esos datos para el observador común. La gentepasa, mira, se saca fotos, dice cosas y compra. Para uno o para regalar. En todo caso, también habilita a la discusión política express o al comentario efímero. A favor o en contra desde ya. Si las propuestas políticas no salen del “que se vaya el gato” o “que no vuelva la yegua”, el público de la Feria del Libro camina más o menos los mismos carriles ante “Sinceramente”, el libro con el que Cristina Fernández de Kirchner sorprendió a la industria editorial.

“Ponete que te saco”, le dice un señor cincuentón a su mujer. “Dale”, responde la señora y posa frente a la pila. “Te hago una selfie”, dice otro señor de la misma capa etaria a su mujer, quien responde “ni se te ocurra”. Grieta.

Una mesa rectangular sostiene la pila de libros, armada como una pirámide. No falta quien encuentre un homenaje subliminal a la gran arquitecta egipcia. A la derecha hay torre también gigante, con el libro del Indio Solari y a la izquierda ubicaron el último de Stamateas. Casi ignorados, la atención de los paseantes se la lleva Cristina. En dos visitas del cronista a la Feria, en dos días bien separados de la semana, se repitió la misma situación: siempre hay al menos diez personas frente a la columna de libros azules.

Los más jóvenes parecen los más curiosos. Toman uno, lo ojean. Casi todos leen el texto de la contratapa. Y todos sonríen con el libro en la mano, como si tuvieran un poster de Messi. Los que se lo llevan después de pasar por caja se aferran a las tapas azules como quien aprieta una estampita de San Expedito. Hay contactos visuales cómplices en los pasillos aledaños entre los tenedores, se reconocen. Por supuesto, también hay miradas torvas entre quien lo lleva como bandera y quien no se lo llevaría ni regalado. Votos cantados.

La obra pesa 670 gramos, tiene 600 páginas y su valor es de 600 pesos, según los datos de la editorial. Un peso por gramo o página parece razonable, sobre todo si en la Feria un pancho cuesta 120 pesos, una lata de gaseosas sale 80 y los cigarrillos se venden al doble de lo que salen en los kioscos. No falta el chiste gorila: “un libro o cinco panchos”.

Hay más señales del cimbronazo que provocó el texto de la ex presidenta. Las editoriales que también son librería, lo exhiben junto a las producciones propias. Fuera de la Feria, se sabe que varios libreros hicieron reserva para sus clientes K. Oficio puro, saben que tarde o temprano, irían a pedirlo.

La editorial tiene un ejército de vendedores. Todos calzan remeras de un naranja furioso. Es fácil encontrarlos para hacer consultas. Discretos, no dan más precisiones que las necesarias y se ahorran comentarios. No es lo de ellos. Alguno se distrae y admite que “a veces pasan cosas feas”. Descubrieron libros rayados, tachados y juran que retiraron uno de los mostradores, escupido. Qué tontería, sinceramente.